Pasaron varias semanas y cada vez me sentía más atraído por él. Eso me confundía. No sabía cómo explicarme a mí mismo la situación que estaba desarrollándose en mi cabeza, las cosas que sentía y mucho menos las situaciones que se presentaban cada vez que pensaba en él. Especialmente la alegría que no era capaz de disimular por más que me esforzara. El solo recuerdo de su cara y su voz me hacían sentir un incontrolable deseo de estar a su lado, aspirar su aroma y nunca dejarlo fuera de mi alcance. No quería ni imaginar lo que pensarían mis padres si supieran las cosas que pasaban por mi mente cuando pensaba en tenerlo a solas.
Aunque Marco no llamó el primer día, si lo vi a la mañana siguiente antes que iniciaran las lecciones de la mañana. Estaba esperándome a la salida de los dormitorios, en cada mano sostenía un café y sus labios dibujaron una sonrisa cuando me vio salir del edificio. Dijo hola mientras me ofrecía un café. Lo salude, le di las gracias y comencé a beberlo. Encendí un cigarro, el encendió el suyo y caminamos juntos, hablando y riéndonos hasta el aula. No había llegado nadie aun. Así que nos quedamos fuera esperando a que llegara el conserje a abrir la puerta. Mientras tanto, terminamos el café y encendimos otro cigarro. Resulto que él tenía mis mismas manías y como no sabíamos cuanto tiempo teníamos decidimos compartir el cigarro para evitar dejarlo a medias. ¡Oh dios!, técnicamente nuestros labios se estaban tocando, aunque fuera a través de un cigarro. Tuve demasiados impulsos de quitar de en medio al intermediario y darle un beso.
Me mordí el labio, es uno de los tics que tengo cuando intento tomar una decisión, lo sentí seco, así que los moje con la lengua, tratando de que no se diera cuenta. Deje el cigarro a un lado, me acerque un poco y me enfoque en sus labios. Sabía que él deseaba lo mismo. La intuición me decía que los dos estábamos deseando que sucediera. Iba a ser el beso más maravilloso de mi vida. Me acerque un poco mas y ya cuando lo tenía a centímetros de distancia. Cuando su aroma se mezclaba con el mío, impregnando el aire que respiraba, alejándome del mundo e imaginando tenerlo en mis brazos y sentir sus brazos rodeando mi cintura. Estaba a milímetros de sus labios. Podía sentir su respiración combinarse con la mía. Veía su pecho acelerado por la emoción del momento, por la antelación de un beso. Mi mente su nubló y en el mundo solo existíamos nosotros. El tiempo solamente comprendía ese momento. Éramos él y yo y el deseo incontrolable.
Pero el beso tendría que esperar. Cuando ya no podía controlar mi cuerpo y lo sentía como inevitable, el celular comenzó a vibrar en la bolsa de mi pantalón. Maldición, me devolvió de inmediato al mundo real. Me regresó de golpe y mi sorpresa terminó con el momento. Mi mano se desenredo de la suya y contesté. Como o cuando había llegado ahí no lo recuerdo. Pero de repente la sentí fría mientras entraba a la bolsa de mi pantalón para obtener el celular. Conteste y del otro lado de la línea mi hermana lloraba desconsolada. Tarde algunos minutos en lograr hacerla entrar en razón, para que me diera un poco mas de información, no solo los sollozos absurdos de una adolescente llorona de 15 años, quien en ese momento era la persona que más odiaba en el mundo. Probablemente su hámster había escapado o algo por el estilo y por eso lloraba, no sé, solamente quería que me dejara en paz en ese momento.
Recuerdo que la cara de Marco cambio de sorpresa a preocupación mientras me veía hablar por teléfono. Días después me dijo que no recordaba haber visto a alguien perder el color del rostro tan rápido. Que tuvo demasiado miedo cuando comencé a llorar y mi celular se estrello contra el suelo, mientras se oía la voz de mi hermana llamándome entre sollozos. Me dijo que no hablé durante lo que pareció una eternidad y que simplemente me veía derramar lagrimas en silencio mientras intentaba que le dijera lo que pasaba. Yo no respondía, no me atrevía a hablar en voz alta y cada vez que lo intentaba lo que salía era un murmullo ininteligible.
Después de un tiempo la clase estaba llena ya y Marco le había explicado al profesor lo que sucedía, le había pedido tiempo para que me calmara. Cuando la puerta se cerró a mi espalda su sonido me devolvió a la realidad. Patty, Gerardo y Marco se veían preocupados, yo seguía en el mismo sitio y el celular ya no liberaba la voz de mi hermana. Levanté la vista y aunque no podía distinguirlos por las lágrimas sabia quienes estaban frente a mí. Respiré hondo y lo dije en voz alta y con en un solo aire. Lo dije rápido porque me hizo creer que sería más fácil y dolería menos. “Mi abuelo tuvo un infarto ayer en la noche. Está muerto.” Y volví a llorar.

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