febrero 11, 2009

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Ahora, tantos años después, todavía se refleja un poco de aquella alegría cuando lo recuerdo.  Sin importar todo lo que pasó después, esa primera alegría, ese primer amor, uno nunca lo olvida.  Y esta cama es un lugar que me incita a recordar…

Esa noche mientras recordaba los acontecimientos del día, mi teléfono sonó en algún lugar de mi bulto y aproveche al contestarlo para apagar y poner a cargar mi reproductor de música.  Creo que era la primera vez que lo había olvidado por tanto tiempo.  Creo que fue la última vez que tuve que preocuparme porque estuviera cargado.  Al menos por los meses que siguieron.  Contesté y para mi sorpresa, no era quien yo esperaba.  Era mi padre para ver cómo me había ido en el primer día de lecciones del semestre.  Le conté de Patty y Gerardo, pero por alguna razón no fui capaz de mencionar nada acerca de Marco.  Creo que me dio miedo que mi padre, el Pastor, llegara a la misma conclusión que yo y se diera cuenta que estaba comenzando a cuestionar seriamente mi sexualidad.  Fui cortes, educado, le pedí que le diera un beso a mi madre y a mi hermana menor y colgué el teléfono.

El teléfono no volvió a sonar en toda la noche.  No llegó un solo mensaje, no hubo una sola llamada.  Pensé que tal vez no tenía señal, así que obsesivamente lo cambie de lugar cada cierto tiempo.  Me dormí alrededor de las 2 am, con el teléfono en la mano y viendo la pequeña porción de cielo que se podía contemplar desde mi ventana.  Me dormí pensando en él.  Rogando que el teléfono sonara y pudiera oír la dulzura de su voz antes de dormir.  Pensando en lo que me pondría a la mañana siguiente para parecerle atractivo.  Me dormí con una mano sosteniendo el celular y la otra ayudándome a liberar mi deseo de estar con él.

1 comentarios:

  1. Me encanta eso del reproductor de música definitivamente hay momentos en que ese aparato tan vital para algunos (como yo), pasa a segundo plano jeje

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