“¡Hola! Uy disculpa”. – dijo al darse cuenta que todavía me tenia tomado del brazo y soltándome inmediatamente. – “Es que… quería pedirte ayuda. Veras, estoy un poco perdida y creo que voy demasiado tarde para mi clase”.
“Uhm… Déjame ver, ¿Qué edificio estas buscando? Mi clase acaban de suspenderla por algún motivo y podría ayudarte a buscarla”. - Me dio un pedazo de papel un poco maltratado. – “Aula 1-25, Edificio A, Sector 1, Campus Central. 8:30 am, Lunes 23 de julio”.
“¡Sip, ese es el lugar que estoy buscando! ¿Me podrías ayudar a encontrarlo?” - recuerdo haber pensado que era una persona demasiado alegre y parecía un poco despreocupada por su aspecto. Las dos colas que guindaban de su cabello me hacían recordar algún personaje de un anime y el hecho de que sus medias no fueran del mismo color, me perturbo un poco, pero no me atreví a preguntar. Quizá esa fuera alguna nueva moda y yo no me había percatado al respecto, de igual manera no me importaba. – “Llegas demasiado tarde, la clase la suspendieron por alguna razón, yo vengo de ahí. Soy Javier, pero todos me llaman Javi”.
“Ah rayos, nunca me sale nada bien, mi primera clase aquí y ya me la perdí”. Realmente parecía triste, lo cual me extraño, porque en realidad no se había perdido de nada, solamente de un grupo de adolescentes sentados en sus respectivos escritorios esperando un profesor que nunca llegó. – “Bueno, nada gano con sentirme mal en este momento, tendré que esperarme hasta la clase siguiente. Soy Patricia Stewart, aunque desearía llamarme diferente, algo inusual, algo especial, algo así como “Nefertiti” o “Spirt”. En fin, todos me dicen Patty. Encantada” - Me tendió la mano y después de unos segundos la expresión de mi cara cambio de ‘Esta mujer está demasiado loca’ a una sonrisa y tome su mano. “Javi Espinoza, un placer” – Fue lo mas cortés que logre decir mientras intentaba no reírme.
El cigarro se había terminado aun antes de que ella empezara con los problemas sobre su nombre. Decidí que no iba a encender otro hasta que no hubiera comprado un café, y dado que ahora tenía compañía me pareció adecuado invitarla a acompañarme. La canción quedo a medias, aunque el reproductor seguía sonando en algún lugar de mi bulto. Durante el café, Miss Patty parecía no hacer silencio nunca. Desde ese día nunca ha dejado de sorprenderme la capacidad de las mujeres para hablar aun cuando tienen café, comida o un cigarro en la boca. Tienen también una sorprendente habilidad para recordar los nombres, detalles y asuntos en la vida de prácticamente cualquier persona y nunca dudan en hacerlo saber. Creo que eso las convierte en poderosas aliadas y aterrorizantes enemigas. Los hombres son más sencillos.
Patty era una de esas mujeres. Aunque resulto que prestaba mayor atención a los detalles de la vida de otros que a la suya misma. Nunca sabia donde estaba y era imposible que pudiera dar una dirección de la manera adecuada. Aun así era un poco sorprendente. Sus profesores de primer grado la habían considerado demasiado avanzada para su edad, por lo que después de un par de meses la enviaron a segundo grado y ahí de nuevo la misma historia. Para cuando tenía 12 años ya había terminado la secundaria y sus abuelos habían decidido llevarla a viajar por el mundo, aprovechando que estaba más adelantada que cualquiera de su edad, no la consideraban apta para ir a la universidad y que ellos todavía estaban jóvenes. A los 14 años regreso de su viaje y había ingresado a una universidad, en tres años terminó una carrera en Comunicación, aunque a mi parecer no le sirvió de nada y, ahora de 18 años, iba a ser mi compañera. Podía hablar de cualquier tema, pero a los 5 minutos no recordaba cual era su derecha y cual su izquierda. Era la persona más extraña que había conocido.
Después del café intente librarme de ella, para tener un poco de paz, tranquilidad y seguir escuchando mi música mientras fumaba. No sucedió. Patty era algo así como una garrapata humana succionando mi privacidad. Alimentándose a cucharadas, extraídas a la fuerza, de los detalles de mi vida privada y mi pasado. La mantuve tranquila cuando le dije que no quería hablar mucho de mi familia, lo cual era mentira, ya que adoro a mi familia y siempre lo he hecho, pero dio resultado, se quedo callada y me dejo fumar en silencio.
Alrededor de las 9:20 am nos dirigimos hacia nuestra siguiente clase. Resulto que para mejorar aun más mi alegría, Patty y yo teníamos todos los cursos juntos. Siendo una pequeña genio había podido matricular los horarios que quisiera y dedujo que el mejor horario era el que yo también había elegido. ¡Viva! ¡Las ventajas de ser un estudiante modelo! La clase era algo increíblemente tedioso sobre la historia de las instituciones del país. Otra de esas materias que es requisito para graduarse y por lo tanto hay que llevarla. Contrario a lo que yo quería, mis amigos no estaban ahí, él no estaba en ese grupo y, esa clase no la suspendieron.

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